River: Gallardo tomó el control psicológico del clásico

La movida del técnico de River es calculada y estratégica: confirmar el equipo también es una sorpresa que marca quién manda…

Marcelo Gallardo volvió a sorprender. Esta vez no le hizo falta llegar a la cancha. Confirmó por primera vez en años un equipo más de un día antes. No se le escapó. No se lo adivinaron. Buscó hacer exactamente lo que hizo: una demostración de poder, de seguridad, de dominio. Volver a mostrar quién tiene el control psicológico de la situación.

Es cierto que las circunstancias se lo permitían, tiene sanos a todos los jugadores, el equipo principal viene rindiendo muy bien -se hace difícil tocarlo- y entre los suplentes hay al menos tres jugadores que serían titulares en Boca: Pratto, Scocco y Juanfer. Pero en otros momentos las situaciones eran similares y la estrategia fue diferente: esconder, jugar al misterio, sorprender con una carta impensada.

Esta vez, Gallardo eligió mostrar las cartas antes para enrostrarle a Alfaro que haga lo que haga con su equipo, sus planes no cambiarán. Él es el que manda (ni siquiera River: él). Él, que ya jugó “el partido más importante” de su vida, otro tiro por elevación disparado con un fingido aire de inocencia que lanza un doble mensaje: él ya ganó; lo que pueda ganar Alfaro, aunque también sea el partido de su vida, será menor que lo que él logró.

En Boca, Alfaro no esconde. Simplemente duda. Duda porque sabe que no tiene a sus hombres en forma y el gran debate íntimo del técnico es si poner a sus generales en las condiciones en las que se encuentran o apostar a soldados enteros pero sin tantas batallas (o ninguna) en el lomo. Ya tiene la experiencia de la ida: Wanchope inactivo luego de una lesión, casi sin minutos de rodaje, no rindió, como tampoco había podido hacerlo aquel rato final en Madrid tras la salida de Benedetto.

Boca tiene un mal recuerdo de lo que significa poner jugadores que no están en condiciones (Gago lo dejó con nueve), sobre todo contra un equipo con la intensidad y la dinámica de River que además tiene dos goles de ventaja. Podría ser un error apostar por ellos. Pero también es cierto que en aquella oportunidad Guillermo tenía una jerarquía de la que hoy Alfaro ya no dispone: Cardona está lejos y Zárate también está lejos, pero de su nivel. 

Mientras en River hay bases reales para sostener la ilusión, en Boca se recurre al misticismo: la camiseta, la cancha, la historia. Eso explica también en parte la confianza ciega de Gallardo. Con el pasado y el presente de su lado, no es difícil mirar el futuro con optimismo.

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